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Pérez no es ratón

Estrés como factor determinante en cada ciclo vital (2)

Reflexiones sobre el estrés con la doctora Verónica Morín (17).
Autora del libro ‘Vivir con Estrés’
Estrés en la niñez: primera infancia (6 -12 años)

Estrés como factor determinante en cada ciclo vital. El estrés puede influir en el desarrollo en todas las etapas del ciclo vital.

Y dadas las transformaciones que caracterizan dichas etapas, en el ámbito biológico, psicológico y social, el estrés puede afectar leve o drásticamente la estabilidad del individuo.

En este artículo la autora se centra en el Estrés en la niñez: primera infancia (6-12 años).

Más información profesional de la mano de la Dra. Verónica Morín Apela, autora del libro Vivir con Estrés, editado por Barker Books.

Te lo contamos en pereznoesraton.com, portal profesional exclusivo de IPDGrupo.com que te ofrece información para decidir sobre salud y bienestar.

Estrés como factor determinante en cada ciclo vital (2)

Estrés en la niñez: primera infancia (6-12 años)

Dra. Verónica Morín

Aunque a veces puede pasar desapercibido para el niño, el estrés puede tener un impacto significativo en su vida. Los problemas del entorno y la eficacia de las estrategias de afrontamiento pueden jugar un papel importante en la capacidad del niño para superar el estrés de manera efectiva.

Si no se aborda adecuadamente, estas dificultades pueden dejar secuelas que podrían manifestarse en etapas posteriores de la vida, como la adolescencia o la adultez. Es crucial prestar atención a las señales de estrés en los niños y brindarles el apoyo necesario para que puedan hacer frente a las adversidades de manera saludable.

Según muchos expertos, la infancia se considera la fase más crucial del desarrollo psicosocial humano. Durante esta etapa, los niños adquieren las habilidades psicosociales y emocionales fundamentales que son esenciales para un crecimiento saludable. Asimismo, sienta las bases de su futuro, moldeando la identidad y las capacidades del individuo en general.

Es en la infancia donde se establece el cimiento para el desarrollo integral en diferentes aspectos de la vida, incluyendo las relaciones interpersonales, el manejo de emociones y la resolución de problemas.

Por lo tanto, se enfatiza la importancia de cuidar y fomentar el bienestar infantil, ya que esto sentará las bases para un futuro prometedor y una vida equilibrada. Entre sus características, destacan el desarrollo de habilidades cognitivas:

  • asociación de ideas,
  • reconocimiento de colores, formas y estructuras
  • y la evolución de las habilidades para la lectura, escritura y pensamiento lógico.

Desde el punto de vista social, la infancia es una etapa de intensa interacción en la que se establecen los primeros lazos fuera del entorno familiar a través de la educación y las actividades recreativas. Durante este periodo, los niños experimentan nuevas formas de relacionarse con sus pares, aprenden a colaborar en grupo y a compartir experiencias comunes.

Doctora Verónica Morín, autora del libro Vivir con estrés.

Es a través de la interacción social que se desarrollan habilidades sociales importantes, como la comunicación, la empatía y la resolución de conflictos. La participación en actividades recreativas y educativas también fomenta el desarrollo de habilidades sociales y proporciona oportunidades para el aprendizaje y el crecimiento personal.

En resumen, la infancia es un tiempo vital en el cual se establecen los cimientos de la vida social de los niños, facilitando su integración en la sociedad y su capacidad para establecer relaciones significativas con otros.

Cuando el niño ha superado la primera infancia, pasa al periodo de la infancia temprana o preescolar, la cual según Papalia et al., (2013) se da entre los tres y cinco años y posteriormente a la infancia intermedia o escolar, que se da desde los seis hasta los doce años.

Y es allí cuando el niño comienza a experimentar nuevos entornos de vida, los cuales pueden generar situaciones de estrés, es una etapa en que el niño aprende sobre el mundo exterior y donde se hace cada vez más independiente de sus padres.

En relación con este tema, un estudio realizado por Vega, Hernández, Juárez, Martínez, Ortega y López, en 2007, señala que existen tres áreas en las cuales los niños experimentan estrés:

  • ámbito familiar,
  • escolar y
  • social.

Entre estas, se considera que el área familiar es la más significativa, ya que es allí donde los niños comienzan su desarrollo físico, emocional y educativo.

El ámbito escolar representa el paso de la vida familiar a un entorno social más amplio, mientras que el ámbito social se configura como un contexto fundamental en el desarrollo cognitivo del niño, siendo crucial para la exploración de diferentes entornos.

La respuesta que el niño presente en cada una de estas áreas determinará y moldearán sus habilidades de afrontamiento, es decir, los esfuerzos conscientes y voluntarios que realiza para hacer frente al estrés ocasionado por los eventos cotidianos.

Estos esfuerzos de afrontamiento involucran la regulación de emociones, conductas, cogniciones, procesos psicofisiológicos y variables ambientales que interactúan en el entorno del niño (Morales, Trianes y Miranda, 2012; Vega et al., 2007).

Estrés en la niñez: primera infancia (6-12 años) – Infografía IA.

Conforme el niño avanza en su etapa escolar y se adapta a los cambios de la vida, se enfrenta a diversas situaciones que contribuyen a desarrollar su capacidad de afrontamiento, lo que a su vez disminuye la probabilidad de experimentar eventos estresantes.

Es en esa etapa cuando los niños comienzan a reaccionar de manera individualizada ante los sucesos cotidianos y significativos que ocurren en su entorno educativo, lo cual se refleja en su desempeño académico y comportamiento social (Morales et al., 2012).

La escuela, como institución, se reconoce como un entorno significativo en términos de estrés, debido a la dinámica que en ella se desarrolla.

Esta dinámica incluye una serie de eventos y situaciones tales como la competencia por el rendimiento académico, las rivalidades entre compañeros, la necesidad de participación activa en el aula, la realización de exámenes, el miedo al fracaso y a decepcionar a los padres, y la búsqueda de aceptación dentro de un grupo de pares.

Estas situaciones pueden tener un impacto directo en la autoestima del niño.

De acuerdo con los planteamientos de Morales et al. (2012), las habilidades de afrontamiento se consideran como un factor clave en el desarrollo durante la infancia y adolescencia.

Las estrategias de afrontamiento utilizadas en situaciones específicas están relacionadas con su nivel de adaptación y bienestar psicológico, ya que pueden influir en su capacidad para hacer frente a los desafíos y lograr una adaptación exitosa.

«Los niños son delicados. Pueden soportar un número asombroso de privaciones y durezas si sienten que alguien los ama, pero millones de niños en este mundo no tendrán esa oportunidad». Maya Angelou

El nivel de estrés que experimenta un niño puede estar influenciado tanto por su percepción del estrés cotidiano, como por su estilo de afrontamiento. Por ejemplo, los niños que tienen dificultades para ser aceptados socialmente están en mayor riesgo de experimentar estrés.

Según Escobar, Trianes, Baena y Páez (2010), las relaciones entre iguales desempeñan un papel crucial en el desarrollo tanto emocional como cognitivo. Cuando las interacciones no son satisfactorias y el niño experimenta rechazo por parte de sus pares, las relaciones interpersonales se convierten en una importante fuente de estrés.

Al llegar a la etapa escolar, los niños pueden enfrentar presiones provenientes de diversas fuentes, como sus compañeros de clase, padres y maestros. Estas presiones pueden manifestarse de diversas formas y los niños deben aprender a responder y adaptarse a ellas.

Ya sea que se trate de eventos más duraderos, como la separación de sus padres, o problemas más simples como perder las tareas escolares, estas demandas forman parte de la vida cotidiana de los niños.

Sin embargo, existe un aspecto positivo en el hecho de que los niños tengan la oportunidad de enfrentar contratiempos desde temprana edad. Esto les permite desarrollar resiliencia y adquirir las herramientas necesarias para convertirse en adultos independientes y manejar futuros desafíos.

Pon un libro en tu vida: Vivir con estrés, de Verónica Morín, editado por Barker Books.

Es importante destacar también que los niños se adaptan bien a ciertos eventos, aprenden a manejar el estrés cotidiano y pueden adaptarse a ellos con relativa facilidad.

Es decir, parte del estrés al que se enfrentan los niños es parte de los eventos normales de la infancia y les permite aprender sobre sí mismos. Por ejemplo, pueden enfrentar mudanzas, enfermedades graves de sus padres o la decepción por un mal rendimiento deportivo.

En estas situaciones, es normal que sientan una presión por vestirse de la manera «correcta» o para obtener las altas calificaciones que los pongan en el camino hacia el futuro académico «ideal».

Los niños también pueden enfrentarse a preocupaciones como hacer amigos, lidiar con bromas de sus compañeros o superar una lesión temporal, como una fractura, o una discapacidad física. Cambiar de maestro a mitad del año puede ser algo importante para un niño de edad escolar.

Es importante tener en cuenta que los niños son sensibles no solo a los cambios que ocurren a su alrededor, sino también a los sentimientos y reacciones de sus padres, lo cual es crucial. Estos sentimientos pueden influir en ellos, incluso si no se comunican directamente con palabras.

Por ejemplo, cuando uno de los padres pierde su empleo, los niños se ven obligados a adaptarse a la crisis económica familiar. Esto implica no solo enfrentar los evidentes cambios en el presupuesto familiar, sino también lidiar con las alteraciones en el estado emocional del padre desempleado.

Estos episodios de desempleo, despidos y dificultades económicas suelen dejar una huella duradera en la memoria, siendo especialmente recordados aún de adultos, y son temas recurrentes en las consultas.

Sin embargo, es importante evitar limitarnos a la idea de que todo tipo de estrés es perjudicial. Una cantidad moderada de exigencia por parte de un maestro o profesor puede motivar a un niño a alcanzar buenas calificaciones o a participar activamente en actividades deportivas.

Recordemos que dar la oportunidad a los niños de manejar con éxito las situaciones o acontecimientos estresantes mejora su capacidad para afrontarlos en el futuro. Mantenernos cerca sin sobreprotegerlos es el punto ideal.

Los infantes se encuentran en un proceso constante de desarrollo y se están preparando para convertirse en adultos en el futuro. A través de una diversidad de vivencias, adquieren capacidad de resiliencia y habilidades para hacer frente a las adversidades y desafíos naturales de la vida.

Sin embargo, cuando las situaciones estresantes son persistentes o especialmente intensas, pueden resultar perjudicial tanto para la salud mental como física de los niños.

«Los efectos del estrés en los niños son más nefastos de lo que imaginamos. Necesitan experiencias calmadas, no paisajes propensos al peligro». Dr. Gabor Maté

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Los eventos significativos, especialmente aquellos que alteran permanentemente la dinámica familiar de un niño, como la muerte de uno de sus padres o un hermano, pueden tener efectos duraderos en su salud psicológica y bienestar.

Los episodios estresantes pueden manifestarse a través de molestias estomacales, dolores de cabeza y consecuencias físicas similares.

A medida que el estrés se prolonga, el niño puede volverse más propenso a enfermedades, sentirse cansado, experimentar pesadillas, falta de apetito y manifestar berrinches aparentemente inexplicables. Además, es común que su comportamiento y disposición para cooperar se vean afectados, y sus calificaciones escolares suelen sufrir cambios.

La forma en que un niño percibe y responde al estrés depende en parte de su etapa de desarrollo, de sus experiencias previas y de su temperamento individual. Es esencial tener en cuenta estos factores para poder brindar el apoyo y la orientación adecuada a cada niño.

En el próximo artículo nos centraremos en Adolescencia (10-12 a 19 años).


Puedes seguir a la Dra. Verónica Morín en laclinicadeestres.com y en sus redes sociales

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